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sábado, marzo 17, 2007

Cabalgando la larga cola.

Comentario sobre el artículo “The long tail” de Chris Anderson.

El motor de este artículo es sin duda la imaginación. La capacidad de imaginar las posibilidades del comercio por Internet estableciendo un sistema alternativo respecto a la actual cadena de producción-distribución-consumo de material cultural. Anderson es capaz de volcar el paradigma que rige la industria cultural actual, en que “sólo los grandes éxitos merecen existir”, en una idea desde mi punto de vista revolucionaria: para cualquier producto existe una audiencia, por lo que sea limitada, en algún lugar del mundo. Es el descubrimiento de un nuevo mercado, de una tipología de público que “penetra en el fondo del catálogo, a lo largo de la lista de los títulos disponibles”.

A partir de este asunto, el discurso del autor procede estructurándose en una serie de oposiciones y explorando las consecuencias a varios niveles (económico, político, filosófico).

Los límites de la industria de las “majors” resultan evidentes en el momento en el cual se van a enfrentar con la tecnología de la Red de Internet. Comparado al concepto de espacio en la red, el mercado actual de la cultura, basado en la filosofía del “mínimo común denominador”, el producto ideal para las masas, revela sus límites de distribución ineficiente. Es un sistema económico que necesita una masa crítica de público, de un sitio para poner en muestra material y almacenarlo y que tiene un radio de acción limitado.

Lo que revela el análisis de Anderson es que en realidad el comercio actual es un mundo de escasez, en el cual solo el 20% de la producción son grandes éxitos, los únicos que mueven el mercado. Todo lo que se queda fuera de esa de esa quinta parte del mercado de las multinacionales de la diversión es una larga cola de productos (“the long tail”).

Pero cada vez más esa concepción “elitista” se está superando, considerando que las empresas se van enterando de la cantidad inmensa de productos que se puede vender. Por ejemplo, se calcula que el mercado potencial de libros es el doble de grande de lo que parece ser. De hecho, los comercios mas exitosos que se han montado en Internet conciernen la agregación de contenidos presentes en “The long tail”: en el caso de eBay, el intercambio de productos fuera de catálogo o exclusivos es una parte importante de su mercado.

Sin embargo la concepción de Anderson se mueve en un territorio que va más allá del factor económico y que se podría considerar cómo consecuencia de la lógica insita en su discurso. Para él la causa fundamental del elitismo es que la industria “no sabe en realidad lo que la gente quiere, porqué somos nosotros a no saber exactamente lo que queremos”. Teniendo en cuenta que con Internet da igual a donde estén los clientes, hasta el punto que da igual lo que busquen, lo más importante ahora es que la industria cultural asuma el papel de guía “benévola” y que tenga cómo objetivo el de ayudar el consumidor a “bajar the long tail”:

“El grande comercio de la larga cola puede guiar al consumidor hacia el desconocido, a través de un recorrido de exploración con el método de la evaluación, del feedback”.

Con el sistema de evaluación tras el feedback (respuesta del consumidor al producto propuesto), de intercambio de experiencias (las communities) y de recomendaciones en tiempo real, parece ser que el asunto básico de la filosofía de Sócrates , “Conócete a ti mismo”, haya encontrado una estructura en la cual desarrollarse de manera cuanto más amplia posible.

“Cuanto más la gente busque en el catálogo, más le va a gustar lo que encuentra”, advierte Anderson. ¿Seremos capaces de aprovechar de este cambio epocal de paradigma cultural y comercial? ¿O, desde otro punto de vista, sabremos controlar hasta que límites nuestros gustos y nuestras experiencias (en definitiva nuestra misma vida) serán manipuladas por inteligencias artificiales cada vez mas refinadas y omnipresentes?

Dejo la pregunta abierta, ya que me llevaría demasiado lejos de las intenciones de este comentario.

lunes, febrero 19, 2007

HEGEMONÍA CULTURAL, puede existir hoy?

La cultura dominante esta compuesta de otras culturas que se han adaptado, imitado, redefinido o tomado en préstamo como parte de un sin fin de procesos que continúan y a los que algunas veces se controla y otras se propicia, y este último sería el caso para lo que significa el mercado de la cultura.

La cultura como actividad productiva y elemento de consumo es de interés para las dinámicas de poder, y por lo tanto siempre se darán tanto imposiciones como resistencias que se reflejan global, regional y localmente.

Pero cuando la producción de cultura traspasa las fronteras e intereses de acuerdo al consumo que se propicie, como hoy en día, con la digitalización y disposición en red de la cultura, la difusión, -ya amplia con el desarrollo de los medios de comunicación - es mayor aun con las posibilidades de Internet.

Se necesitaba del poder de difusión, de producción masiva para cubrir costos, de un mercado para asegurar las ganancias o de estrategias de penetración que lograran transformaciones en los gustos culturales, pero ahora eso cambia. Con la cultura en digital, es posible conocer los productos de otras culturas en la red o incluso de consumir sus productos y si además esto se consigue de manera gratuita, el intercambio será mayor. Lo que causa recelo a los conservacionistas y preocupación a los industriales de la cultura.

La cuestión esta en descubrir las variables de cambio dadas en ese proceso de transformación que se da en el mercado de la cultura para aplicar las estrategias que permitan, tanto la evolución de la cultura en términos de ampliación de fronteras, encuentro y variaciones en gustos de consumo, como producir elementos de consumo acordes con esas transformaciones.

El referente esta en la historia, cada vez que se ha suscitado un cambio por diversas invenciones ha habido un malestar y luego una adaptación tanto a la tecnología como a sus incidencias. Con las TIC´s y la producción creativa en digital puede suceder lo mismo, y en asuntos de producción y consumo se van dando soluciones frente a las diversas preocupaciones de tipo legal, económico y social que luego irán conociendo las personas, de manera que al darles uso se podrán incorporar a la vida cotidiana dando pauta a la transformación de la cultura.


LAURA ISABEL ROJAS DE FRANCISCO